Sálvese quien pueda.

Más temprano que tarde debían reconocer las verdaderas cifras. Lo astuto era escoger el momento adecuado para decir la verdad, y que mejor que confesarse cuando ya hay casi nada más que perder; el día en que los decesos rompen records. Por Francisco Madrid,

para frente cacerola desde Francia.

Eran 653 defunciones que ocultaban las verdaderas cifras de aquellos que sucumbieron al covid-19. Y con estos índices de desconfianza es legítimo preguntarse cómo saber si no son más las personas fallecidas. La cifra se engrosa todos los días en los diarios convirtiéndose sólo en frías estadísticas, pero en realidad, 2200 familias, según el «parte oficial» hoy están en duelo.

Más temprano que tarde debían reconocer las verdaderas cifras. Lo astuto era escoger el momento adecuado para decir la verdad, y que mejor que confesarse cuando ya hay casi nada más que perder; el día en que los decesos rompen records. Y ojalá que el noticiario entregue otra cifra histórica acerca de la sequía, o que se mueva la tierra y salga el presidente con su chaqueta roja y despliegue todo su buenismo y gane otros puntitos. Que mal pensado yo, si cuando se gobierna no se hace pensando en sondajes. Aunque ahora debe estar contento porque ha subido en las encuestas. Pobre Presidente, lo han criticado desde su propio sector y hasta un cronista de El Mercurio lo trató de payaso, cuando tuvo la brillante idea de sacarse la foto a los pies del General Baquedano.

Y estábamos mejor preparados que Italia, y en Italia la cuarentena fue total. Pero ese complejo de grandeza, de compararnos con los grandes, ah! pero a la ahora de ponerse para ayudar « no somos Suecia » nos recordó el Ministro Briones, ahí ya no nos codeamos con los grandes, y la verdad volvemos brutalmente a nuestra realidad de país chico, al fin del mundo, casi isleño donde todo se resuelve a nuestra manera, con el orgullo de hacer las cosas sin jamás dejar de ser lo que somos, resolviendo los problemas con nuestra forma tan particular, a la chilena, ahí donde nadie sabe mejor que nosotros como se arregla la carga en el camino entre la cordillera de los Andes y el océano pacífico.

Los blancos en Sudáfrica decían lo mismo para justificar el apartheid, sólo ellos podían saber porque ellos vivían ahí y el resto del mundo estaba equivocado.

Hoy, cuando los países desarrollados se cuestionan el funcionamiento la pertinencia y lógica de una sociedad capitalista, en Chile esa discusión es totalmente inabordable: aquí nadie toca el modelo. Hoy en los países desarrollados se cuestionan profundamente si el rol del Estado debe ser más preponderante en la sociedad. Hoy, en medio de la pandemia ¿qué vale más en una sociedad? ¿el trader que busca por donde hacer ganar más plata?, ¿o los (las) médicos, enfermeras (os) que buscan como salvar más vidas con los medios a disposición? Y ni hablar de los bomberos a quienes aparte de una deuda histórica que se tiene con ellos como país, más encima les achican el presupuesto justo ahora, cuando los caballeros del fuego han gastado plata en combustible como nunca para salvar vidas y apagar incendios desde el 18 de octubre.

Insisto, en los países desarrollados que piensan en esta sociedad que con los impuestos de todos rescató a los bancos en la crisis de subprime en 2008, esa que desde el comienzo desató la competencia y la meritocracia, (nada malo si las condiciones son iguales para todos) se preguntan hoy si este es el modelo a perpetrar.

Mientras tanto en Chile, en el servicio público más sensible, el ministro de salud es insensible. Tuvo que reconocer que no sabía los niveles de pobreza y hacinamiento en el que vivían muchos chilenos. Y mejor ni hablar de los migrantes a quienes los burgueses seudo-intelectuales miran con tanto gusto y cariño diciéndose a sí mismos; si Chile tiene migrantes es porque el país va bien.

Y claro ni Josefa ni el ministro sabían que viven hasta en caballerizas.

- Qué se vayan de vuelta a sus países!

- Y que los chilenos no se vayan acostumbrando a que el estado les de plata.

Eso dijo ella, camuflada de artesa cuica, la rubia que se ve tiene plata, que tiene pinta de buena onda pero que en su barrio nadie le ha dicho que había que cambiar la constitución.

E inmerso en tanta brutalidad ya ni me pregunto si aquí se improvisa. Porque pareciera ya no quedan ideas ni para improvisar. El presidente, históricamente falto de retórica y peor aún, de recursos, donde siempre busca dos o tres sinónimos para rellenar sus discursos, ahora lisa y llanamente le copia los discursos a Angela Merkel. El presidente pide a sus asesores del segundo piso que le busquen una llave para desatar este nudo y encontrar una salida. Pero si el presidente no pide ayuda, es un súper presidente. Quizás él mismo en esas noches de soledad, desesperado buscando una salida y ya agotado, reza para que no lo vayan a pillar el pegar y copiar con ayuda del translate. Pero si está falto de recursos, de recursos humanos. ¿Cómo no hay nadie en su equipo que por último mire en internet las políticas que si dieron buenos resultados en otros países?

No se puede justificar tanto error, hubo tres semanas de ventaja para copiar lo bueno, porque es cierto hasta en países como Francia al principio había mucha improvisación y muchos errores que se fueron enmendando en el camino. Pero tratar de hacerlo de «manera original» y en vez de, por ejemplo, confinar toda la ciudad y hacer cuarentenas sólo en algunas comunas para que tenga el menor impacto posible, trazar límites dentro de esas mismas comunas dando como resultado un mapa donde nadie entendía nada y donde todos circulaban para todas partes. Y así el virus se expandió, implacable.

Ahora me pregunto cuándo han tenido buena gente para gobernar, viajo al 88 y veo las mismas caras más frescas hablando de que ellos eran los únicos que garantizaban gobernabilidad; que paradoja.

¿Por qué no van a protestar a otra parte mejor y dejan de destruir la Plaza Italia? Y muchos se fueron a Pedro de Valdivia y Providencia, de antología.

Y en el mismo lugar me voy al otro extremo de la cancha y veo a la periodista Sánchez que representa el nuevo pensamiento progresista. Aprovechando la coyuntura fue a la Plaza Italia a mostrarse, con la ilusa idea de que la iban a ovacionar, en fin ya sabemos que pasó.

Más al centro, de la Concertación o Nueva Mayoría nadie se atrevió a aparecer, con qué cara iban a ir. Porque ellos saben que se desprestigiaron entre otras cosas por el hecho de avalar el legado económico del Dictador reclamando sólo por el aspecto moral de los Derechos Humanos pero aguantando el abuso y permitiendo que el modelo se instaurara para siempre. Que van a ir a perder el tiempo los concertacionistas yendo a marchar con la gente, si se les remeció todo y están buscando la fórmula para reconquistar ese poder, esa legitimidad perdida, analizando la situación desde la comodidad de sus casas y al mismo tiempo entrampados en sus eternas contradicciones, democracia obliga, siguen dejando espacios al partido de los empresarios que privatizaron todas las empresas cuando eran ministros de Pinochet y que ahora son los Gerentes de esas mismas empresas, y que hábilmente se eternizaron en el poder protegiéndose y “nichándose” en la UDI para no sólo defender el legado, si ya casi no tienen adversario, si no para protegerse y seguir cosechando. Si total en Chile nadie cacha nada, o son tan pocos los que saben que da los mismo; o como dijo Coco Legrand nadie cuestionada nada porque “no ves que todos los huevones andan apurados”

He aquí el resultado de la pandemia en uno de los países más desigualitarios del mundo, sálvese quien pueda.

Francisco Madrid, Francia

8 de Junio de 2020

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