• Frente Cacerola

¿Quienes son los putos amos?

Actualizado: 11 de ago de 2020

Por Paola Font. Durante el estallido social de octubre de 2019 fuimos testigo de diferentes actos de repudio hacia quienes nos manifestamos por un cambio de fondo en el modelo económico y social de este país.

Recordemos los acontecimientos de lo Barnechea, donde los habitantes del sector se enfrentaron con los trabajadores del mall de la Dehesa, “vayan a trabajar”, “váyanse de acá”, “quieren todo gratis”, “váyanse, rotos de mierda”, “ándate a trabajar, floja”, “flojos de mierda”, "miren los atorrantes...", "roto de mierda, hueón, picante, flaite...", "ahí te grabé, cuma ... ándate a tu población de mierda, roto conchetumadre...".(transcripción del diario El Mostrador 26.11.2019)

O los sucesos protagonizados por los denominados chalecos amarillos en Reñaca, donde golpearon a una mujer, quien relató “viene y me pega y me dice que me vaya de acá porque soy negra”.

Este 25 de julio, en plena cuarentena, sin que se hayan iniciado las campañas electorales, una veintena de autos realizó una caravana por el Rechazo a una nueva Constitución, desde plaza Dignidad hasta la Moneda, escoltada por Carabineros, de acuerdo con lo que se ve en las imágenes de prensa.

¿Más allá de la forma y tipo de actividad, cual es el común denominador, el fundamento histórico e ideológico, de estas manifestaciones?

La elite chilena se viene reproduciendo desde tiempos de la independencia, de características conservadoras y católica, ha ido copando las posiciones de poder e incidiendo en el control militar a lo largo de la historia. Su sentido de pertenencia se manifiesta, por ejemplo, en el uso del matrimonio, la unión de “gentes iguales”, como forma de reproducción del poder, de la formación de la ciudad que separa de manera evidente la aristocracia del pueblo.

Lo acontecido en Barnechea, en Reñaca e incluso en la caravana del Rechazo del 25 de julio, es solo un recordatorio, que, de manera inconsciente, sino simplemente desde su ADN, la aristocracia nos recuerda nuestra condición de inquilino, de peón, de pirquinero, negando nuestro pasado, sin territorio, ni memoria, ni lenguaje. Y evidentemente, más allá de nuestra capacidad de reflexión, somos sus trabajadores y ellos nuestros patrones, son los amos de nuestros destinos.

Sin embargo, la historia nos ha enseñado, como dijo Salvador Allende, “la historia la hacen los pueblos”, así lo hicieron, por ejemplo, los movimientos populares de 1890 a 1920, o durante la emergencia del sindicalismo, o en el proceso de la “revolución en libertad” truncada con el golpe de estado del 73.

A partir del 18 de octubre del 2019, con el cántico del “despertó, despertó, Chile despertó” de fondo, con la fuerza de la primera línea, con los miles de hombres y mujeres, trabajadores, estudiantes, jubilados en las calles, hemos ido avanzando paso a paso, logrando un plebiscito para octubre, el rescate del 10% de nuestros fondos de pensión. Falta mucho que cambiar, pero estos avances producidos a raíz del estallido social son la evidencia de que cuando el pueblo se organiza y moviliza es capaz de decirle al patrón, ¡nosotros somos los putos amos!

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