• Frente Cacerola

Perder los ojos y enseñar a mirar

Por Patricio Soto Caramori, Frente Cacerola. “De eso se trata, de coincidir con gente que te haga ver

cosas que tu no ves, que te enseñen a mirar con otros ojos”.

M. Benedetti

La investigación por el disparó que lesionó irreparablemente a Gustavo Gatica sigue a paso lento, pareciera que casi sin avanzar, mientras tanto Carabineros evacúa el informe de la investigación interna, es una nueva agresión, esta vez los perdigones son la mentira descarada y la prepotencia de sentirse impunes, llegan a decir que es probable que las lesiones de Gustavo pudieran haber sido provocadas por otros participantes de la protesta. Pero así son, los conocemos, pero también nos conocemos y la lucha por la justicia será tan larga como tenga que serlo.

El 11 de marzo Gustavo regresó a plaza dignidad, lo aplaudimos los que estaban ahí y los que no, volvimos a las lágrimas de impotencia, nos impactó esa sonrisa ancha y su expresión de vida. Si, el mismo joven de 21 años que perdió la visión de sus 2 ojos a manos de agentes del Estado, asesinos con salario público, sólo 4 meses antes de ese regreso. Ese es Gustavo, que antes de iniciar su marcha escoltado por sus cercanos, pasó por su universidad para reconocer espacios y preparar su regreso a clases.


Hemos pensado mil veces en él, en su madre y padre, en su hermano, en su pareja y haciéndolo pensamos en nosotros mismos, admirándonos de una decisión de vida que no reconocemos en nosotros y es muy improbable tenerla. Gustavo es un ser humano especial, probablemente si conociéramos la historia de su madre y padre, entenderíamos una parte de la fuente de fortaleza de Gustavo y su incondicional hermano mayor, que lo toma del brazo y también lo mira con admiración mientras se acercan a plaza de la dignidad ese 11 de marzo.

Gustavo regresó a Plaza Dignidad porque sigue luchando, porque tiene claro que ese espacio es el símbolo de una lucha que está en desarrollo, que el costo que él pagó, el de Fabiola y tantos otros y otras, tiene la derrota de un sistema injusto, deshumanizado y marginador como objetivo. Nada menos, tiene clara noción del precio que debió pagar, de su permanente condición, de ahí la potencia de su frase “entregué mis ojos para que otros vean”.

Volverás mil veces a plaza dignidad Gustavo, volverás con tu sonrisa, tu postura erguida y tu tamaña dignidad, que por sí sola da para justificar ese nombre a este espacio simbólico de la ciudad. Volverás el día y la hora que quieras, en lo que te queda de estudiante, como psicólogo, como padre, volverás sólo. Es probable que te encuentres con más de alguien que comenzó a ver la injusticia en las jornadas de octubre, cuando te arrebataron los ojos.

Los otros, los del gatillo, los que mandaron, los que encubrieron, los de la ignominia, esos tendrán que volver ocultos, escoltados, amparados en una guardia presidencial armada, con calles sin pueblo, faltos de dignidad, sacarse una furtiva y provocativa foto y partir raudos a su guarida. Al menos por ahora, mientras puedan.

Abril de 2020




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