• Frente Cacerola

Ni olvido Ni perdón

Actualizado: 11 de ago de 2020

Por Paola Font Durante el año 2019 hubo más violaciones que en los nueve años anteriores; 11 ataques de este tipo por día. Por otro lado, este año ya se han registrado 20 femicidios a la fecha.


Después de décadas de trabajo, de desarrollo del feminismo, de conquistas femeninas y de minorías sexuales, hemos logrado levantar consignas directas y claras: “¡no, no es NO! ¿qué parte no entendiste, la N o la O?” “ahora que estamos juntas, AHORA QUE SI NO VEN, abajo el patriarcado que va a caer...”, resuena en mi mente la profundidad de ese Ahora que si nos ven.

Hoy 22 de julio de 2020, y a pesar de los avances de nuestra lucha, de la fuerza de nuestras consignas, el patriarcado levanta su voz dejando a Martín Pradenas solo con arresto domiciliario en la comodidad de su hogar, a pesar de ser formalizado por abuso sexual impropio y violación a mayor de 14 años en cinco hechos distintos.

Los femicidios y las violaciones son crímenes de género, son crímenes del poder, de la dominación, de castigo. El violador es la máxima expresión del dominio del “macho” que se ha normalizado en la sociedad patriarcal. Lo anterior se evidencia cuando vemos que, la víctima termina siendo culpable, cuando se le revictimiza, cuando no existe protección real por parte de los organismos de estados hacia nuestras niñas y mujeres agredidas y amenazadas. La situación se hace obscena cuando se trata de mujeres en situación de vulnerabilidad económica y/o mujeres indígenas.

Cabe preguntarse entonces, ante un escenario de tal impunidad, ¿es posible que exista perdón?

¿Qué es el perdón? per- (indica acción completa y total) y donare (regalar). Es dar, es una dádiva generosa por parte del que perdona, te entrego una parte de mí.

Si el acto que me daño es tal que, no tiene justificación, no es posible de entender, ¿estoy dispuesta a dar parte de mí? Más aún, si mi agresor no muestra siquiera arrepentimiento, ¿estoy dispuesta a dar algo de mí? Y si quienes deben ejercer la justicia se burlan de mí mediante acciones discriminatorias, o defendiendo intereses distintos a los de la verdadera justicia, ¿estoy dispuesta a desprenderme de una parte de mí?

La impunidad, como una forma de desprecio, no hace otra cosa que reafirmar con más fuerza la necesidad de seguir en la calle, levantando nuestras banderas de lucha, juntas, como un solo cuerpo, unidas como los granos de una espiga de trigo.

Tal como esta noche las cacerolas se hicieron escuchar a lo largo del país, y cada una de las consignas que oímos y gritamos se sintió como un abrazo que nos contuvo, como un mantra sanador que nos unificó, seguiremos marchando, como un TODO compuesto por distintas generaciones, niñas, madres, abuelas, con diversas experiencias de vida, alegrías y dolores, que confluimos en armonía, liberando nuestros cuerpos, deconstruyendo la sexualización de estos y por cierto, encada una de nosotras nuestras muertas en la memoria.

Las invito, mis congéneres, a ser parte de este TODO, sin miedo, ni velos en la mirada, a reencontrarse con su esencia, sin pudor, recordando su condición de seres humanos únicas, libres de normas heredadas como dogmas, incuestionables y taxativos, y decir con fuerza y convicción, NI OLVIDO, NI PERDÓN.

114 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo