Fútbol de Barrio, hoy "El Lauchero"

Actualizado: 21 de jul de 2020

Uno llega a pensar que el “lauchero” de verdad piensa que el partido más importante, ese que empezó un día Viernes 18 de octubre después de almuerzo, donde unos cabros chicos vestidos de escolares, se robaron la pelota y la pusieron en juego y que millones de chilenos salieron a darse un pase con tan formidable balón, ese partido se habría acabado.


Para entender y disfrutar las pichangas de barrio, es imprescindible conocer los términos que usa el pueblo en su deporte rey: Quien no sabe que es un “puntete”, no sabe quién es el “tronco” o el “comilón” es que no sabe nada del arte de la pichanga. Cuando niño recuerdo que tenía un amigo seco para hacer goles, pero era un “lauchero” por excelencia. Hacia goles que en vez de ayudar a su equipo, hacían que sus victorias no valgan de nada. Goles de “lauchero” no son goles.

A medida que mejoraba la cancha, con dimensiones y marcas como corresponde, pasando del barrio al estadio y ya jugando en la juvenil, con árbitro y laiman (lineman), se acabada "de una" el supuesto talento del “lauchero”. Bueno, el cuento es que no he dejado de pensar en el “lauchero”, que hasta tiene definición en la RAE 1. adj. coloq. Chile. Dicho de un jugador: Que habitualmente espera la ocasión de marcar un tanto sin incorporarse de lleno al juego. U. t. c. s.


  1. Y ésta, aún mejor: Lauchero: Es el jugador –normalmente uno por equipo- que escudándose en su habilidad de definidor, no se mueve más allá del área rival y espera, prácticamente inmóvil, algún pase de los talentosos. Generalmente es el goleador del equipo, pero poco apoya en el resto del juego. Es tan detestable que incluso en algunos partidos los goles "de lauchero" no cuentan en el marcador.

Tenemos al “lauchero” por antonomasia, ese que ha escalado aprovechando cada pelota que le llega fuera de juego. Uno de sus primeros goles conocidos lo marcó allá por Talca, gol que nunca fue anulado por intervención de Doña Mónica Madariaga y el tío Obispo. Goles laucheros de película:el que le metió a Ricardo Claro con las tarjetas de crédito. Ricardo Claro era el “patitas con sangre” en ese partido. También Autogoles de “lauchero” como aquel transmitido en una radio Kioto. La venganza de "patitas con sangre" Tantos goles de “lauchero”, que parecen demasiado. Uno memorable, que le llegó del cielo en forma de papelito con el mensaje de los 33. Uno de los últimos fue el gol que lo hizo ganar el partido dándole como bombo en fiesta a su ex-amiga Bachelet, acusándola de todos los maleficios habidos y por haber y haciéndole creer a una buena parte de los chilenos que eso del “chorreo”era verdad. Todo indica que la gente solo quiso comprobar que si el aguita que caía era agua lluvia o era meado. Pero veamos como sigue jugando el “lauchero”: no hace mucho intentó meter un gol en plaza Dignidad, aprovechándose que los jugadores estaban en el entretiempo obligado. Las abundante cámaras en los celulares de la gente mostraron clarito el “offside”. El ·lauchero", ahora con la ilusión de tener la pelota, sigue soñando con goles imaginarios, aprovechando que ve la cancha solo, sin árbitro ni lineman. Con una barra de fanáticos que le aplauden hasta los autogoles, intenta e intenta, y no logra pasar más goles. Uno llega a pensar que el “lauchero” de verdad piensa que el partido más importante, ese que empezó un día Viernes 18 de octubre después de almuerzo, donde unos cabros chicos vestidos de escolares, se robaron la pelota y la pusieron en juego y que millones de chilenos salieron a darse un pase con tan formidable balón, ese partido se habría acabado. Me recuerdo cuando chico que iba ganando tu equipo 10 x 0, y aun así un patudo gritaba “ultimo gol gana todo”. Y quiere pasar por alto los miles de foults, patadas y sacadas de ojo que hizo en un partido de fútbol que llamó “guerra”. Con la excusa que el equipo del pueblo era el “enemigo poderoso e implacable”. Con el estadio sin público y los jugadores del equipo contrario en la casa, el “lauchero” se cree dueño de la cancha, juega un partido imaginario, con cracks imaginarios, con victorias imaginarias. Engañado en su vanidad, sueña con derrotar un virus y salir por el mundo con un papelito a mostrarle su victoria, como forma de mejorar su pisoteada autoestima con chascarros como los que fue a hacer a Colombia en un show que salió del todo mal. Era su debut en canchas internacionales, y el autogol solo se lo celebraron las Cecilias. Bueno, toca que alguien le avise que el partido que se inició el 18 de octubre recién comienza, que en el intertanto los jugadores han entendido que las reglas que favorecen a los “laucheros” ya son insoportables y que necesitamos un nuevo manual de juego, llamado Nueva Constitución, que garantice que tengamos árbitros que no sean “saqueros” ni “lineman” tuertos y miopes. Que no levanten la bandera y toquen el pito al antojo de los auspiciadores. Ghandi: Frente Cacerola. mayo de 2020

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