El progreso y el bien común

Yo no me meto en huevás (perdón el chilenismo). Esta es una frase oída muchas veces en personas renuentes a participar de iniciativas de grupos de interés común: culturales, deportivos, sociales o políticos. Durante décadas y décadas Chile se caracterizó por poseer un denso tejido de organizaciones sociales. Por Raúl Acevedo, Economista, 20 años de trabajo en el sector público, magister en gobierno y gerencia pública. También publicado en https://www.cronicadigital.cl/2020/07/20/por-raul-acevedo-el-progreso-y-el-bien-comun/

El siglo XIX tuvo iniciativas notables de líderes progresistas que pasaron a la historia como Francisco Bilbao, Fermín Vivaceta, Valentín Letelier, Luis Emilio Recabarren, por nombrar algunos casos notables actuando en momentos donde la mayoría de la población sufría privaciones y tormentos inimaginables para las generaciones jóvenes. Sin sus aportes no habría hoy ni la educación (formal e informal), ni los sindicatos, ni los partidos políticos populares, ni los bomberos, al menos como los conocemos. A contracara ciertas personalidades a las cuales se les brinda mucha pleitesía aún hoy, en la segunda mitad del siglo XIX mantenían posiciones abiertamente contrarias a los derechos de las personas que estaban fuera del círculo del poder económico. Andrés Bello consideraba que la educación de “las clases menesterosas, no debe tener más extensión que la que exigen las necesidades de ellas [básica]: lo demás no sólo sería inútil, sino hasta perjudicial”, Carlos Walker Martínez decía que era un despilfarro crear la carrera de medicina en la Universidad de Chile.