El gatopardismo concertacionista en educación superior.

"...Lo que varía entonces es la forma de “extraer” ese lucro, que ya no será con un tradicional reparto de utilidades, sino que estando en la estructura de costos de las instituciones adquiridas, a través de la prestación de servicios a precios cuya exigencia es generar el retorno a las inversiones realizadas, servicios entregados por empresas donde participan los mismos accionistas y donde sí hay retiro de utilidades. El negocio inmobiliario fue una ventana generosa de donde extraer altas tasas de ganancia para los accionistas...."


La primera gran transacción de una universidad privada fue la adquisición de Universidad de las Américas por parte del grupo Sylvan International Universities (posterior Laureate) en el año 2002. Este grupo de inversión se encontraba en plena fase de expansión global, adquiriendo universidades en España, Ecuador, Brasil; México y Chile, entre otros países. Esa transacción que superó los 180 millones de dólares tuvo amplia difusión de prensa, ocupando incluso titulares y siendo destacada como una mega operación de educación superior que mostraba el atractivo de Chile para la inversión extranjera en el sector. Cabe mencionar que ya entonces la ley vigente establecía que las universidades eran instituciones sin fines de lucro.


Con posterioridad han existido no pocas compra-ventas de lo que la que en la ley estable son, en la práctica, instituciones no transables; no se puede vender ni comprar una universidad (y a pesar de eso, UNIACC fue adquirida por el Grupo multinacional APOLO, Gabriela Mistral por la congregación de los Sodalicios, Andres Bello y Viña del Mar por Laureate, entre otras). Pero si se trata de instituciones sin fines lucro, es decir, donde no puede existir retiro de utilidades, ¿Cuál es el atractivo para inversionistas que buscan retornos competitivos de sus inversiones? Bueno, resulta evidente que sigue siendo el lucro, una expectativa de rentabilidad que justifique económicamente la operación (no olvidar que los adquirentes como Laureate o Apolo, son sociedades accionarias cuyos tenedores del valor accionario buscan no sólo rentabilidad, sino una determinada rentabilidad que maximice su beneficio financiero, no se trata de académicos o intelectuales con un particular interés distinto al dinero).


Lo que varía entonces es la forma de “extraer” ese lucro, que ya no será con un tradicional reparto de utilidades, sino que estando en la estructura de costos de las instituciones adquiridas, a través de la prestación de servicios a precios cuya exigencia es generar el retorno a las inversiones realizadas, servicios entregados por empresas donde participan los mismos accionistas y donde sí hay retiro de utilidades. El negocio inmobiliario fue una ventana generosa de donde extraer altas tasas de ganancia para los accionistas. Un clásico ejemplo de esto era la consecución de un crédito por parte de una inmobiliaria vinculada patrimonialmente a los sostenedores, que presentaba a la institución financiera como flujos el arriendo a 20 años a la universidad, existiendo como garantía el respectivo contrato a largo plazo. Así se posibilitaba que la generación de patrimonio fuera realizada por los sostenedores y no por la institución educativa.


Las movilizaciones del 2011, cuya principal bandera fue la exigencia de educación gratuita y de calidad puso en agenda un modelo de educación superior en crisis, más por su impacto en la demanda (acceso y alto nivel de endeudamiento), que por una estructura de oferta con hegemonía del mercado. Estas movilizaciones generaron las condiciones para un programa de reformas de Bachelet II, que, aunque de mayor ambición en el programa, terminó resignándose a la real correlación de fuerzas no sólo con la derecha sino también al interior de la coalición gobernante. Surge una ley de educación superior que corre algo el cerco del mercado y cuyo principal logro es la gratuidad parcial (seis deciles de menores ingresos), pero sólo concebida como forma de pago, es decir, como subsidio a la demanda, protegiendo con ello el diseño estructural de mercado. La educación superior seguiría siendo un bien de mercado y no un derecho social, tal como lo señaló Piñera franqueado por el ministro Lavín en su primer gobierno.


Las reformas de Bachelet II no pretendieron sacar al mercado de la educación superior universitaria, pero sí buscaron fallidamente eliminar los espacios para el lucro. Qué mejor prueba de esto último que el cambio en las juntas directivas (Controladores) de las Universidades Andrés Bello, Viña del Mar, Américas y el IP AIEP anunciado por Laureate a principios de septiembre pasado. Se anuncia públicamente que Laureate, después de casi 20 años de operación, se va de Chile, cediendo sus puestos en las respectivas Juntas Directivas a una Fundación integrada por los empresarios Jorge Selume Zaror y Juan Antonio Guzmán Molinari, ambos ex altos funcionarios de la Dictadura, Director de Presupuestos el primero y Ministro de Educación el segundo.


¿Cómo se hace posible esta operación?, ¿Se puede pensar que Laureate cedió a título gratuito las tres universidades con una matrícula superior a los 90.000 alumnos? La respuesta es no, esta operación tiene precio, forma de pago, condiciones específicas, recuperación de valor por parte de los vendedores y expectativa de rentabilidad futura por parte de los compradores. Esto es posible porque el pago se realiza por el IP AIEP y por la Escuela Moderna de Música, cuestión que si permite la ley, entonces en un claro sobreprecio por 2 estas instituciones, se llevan de “yapa” 3 universidades. Una operación viciada, que tuerce el espíritu de la ley, y donde la Superintendencia de Educación Superior no tiene pronunciamiento alguno. Lo anterior sin siquiera considerar, como fundada sospecha, que entre las condiciones pactadas es altamente probable, esté la prestación de servicios por parte de Laureate, directa o indirectamente, al nuevo Holding educacional chileno.


Una vez hecha pública la operación, apresuradamente la actual Rectora de Universidad de las Américas, Pilar Romaguera, dirige una comunicación a la comunidad universitaria dando por superada la etapa Laureate y entrega la bienvenida a sus nuevos jefes, augurando un futuro promisorio a propósito del compromiso con la Educación Superior que han demostrado los nuevos controladores. Rectora que por cierto ejerció como Subsecretaria de la cartera de Educación entre 2006 y 2008 y que, de alguna forma, da luces de los límites de las reformas concertacionistas o nuevamayoristas, con ellos participando del negocio el gatopardismo campea. Por Cacerolo Alejandro. 25 sept 2020

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