El Empaná de Perro

Seudónimo: Bulla63

¡Empanadas! ¡Empanadas calientes! gritaron afuera de la puerta, abrí, don Pedro me saludó con una enorme sonrisa e inmediatamente me extendió la mano con una empanada.

Había llegado a Montepatria unos días atrás, en un vehículo de Investigaciones desde Ovalle, tras estar detenido 4 días en Santiago, luego de ser detenido en los patios de la EAO el 28 de octubre del 84. El país estaba en estado de sitio. Yo estaba relegado por noventa días según decía un decreto del Ministerio del Interior, firmado por Jarpa, que me exhibieron.


¡Puta que tenis suerte! Me dijo el rati en General Mackenna cuando me comunicó que mi destino era Montepatria. ¡Lo vai' a pasar re bien! Y tenía razón, Montepatria es un pueblito en las cercanías de Ovalle, en lo que solíamos llamar el norte chico, atravesado por ríos y abrazado por el sol, lo que la convierte en una tierra generosa. Montepatria está habitado por gente sencilla, curtida por el sol, que se dedica principalmente a la agricultura, se ve mucho temporero y uno que otro pirquinero.


Fundada por españoles, por Pedro de Valdivia decían y bautizada como Moterreyes, tras la independencia se renombró como Montepatria, y según cuentan, tal como en el pueblo blanco de Serrat, por Montepatria no pasó ni el golpe.


En la época que llegué, se disfrutaba la abundancia que genera la tierra y sumado a gente sencilla generosa y solidaria, era obvio que lo pasaríamos bien, bien entre comillas, porque no olvidas que estás ahí castigado, que no puedes salir ni desplazarte libremente, que te llevaron ahí desde las aulas de la técnica, que no pudiste ver ni a tus padres, ni tus hermanos ni tus amigos, solo por luchar por un país libre, por un país justo, por un país para todos, por un país de feliz. Sin embargo, sientes alivio ya que estás vivo. Muchos corrían otra suerte por aquellos días.