El abrazo, el sentido y la razón

Seudónimo: Elena Cautivo


Llegué a la Alameda a eso de las 10:30. Ahí, ya se había reunido un grupo de compañeros, lienzos y banderas en mano. Hacía frío, mi cuerpo estaba entumecido, así que, para abrigarme decidí entrar a la iglesia donde se hacia la clásica misa de todos los años antes de salir en romería hasta el patio 29 del Cementerio General. Seguí el ritual respetuosamente, me sentaba y paraba según las indicaciones del cura. En un momento dijo “la paz hermanos”.


Sabía, por mi abuela, que debía dar la mano, en señal de fraternidad, a quien estuviese cerca de mí. Sin mayor reflexión, giré a mi derecha y extendí la mano al caballero que tenía a mi lado. Con una sonrisa de “¡pero chiquilla!”, apretó mi mano, me tiró hacia él, firme y delicado a la vez, me abrazó con fuerza y dijo “la paz compañera”. Me miró de manera dulce y fra