a 35 años de unos de los crímenes más brutales de la Dictadura de la Derecha chilena.

Me piden que olvide, lo que no saben es que el olvido es la amante del recuerdo...

Hace ya 35 años, toda una vida. Los mismos años que hacen que un ser humano se sienta en la plenitud de la vida. A los 35 años sientes que aun vas en la cuesta de subida... Yo era apenas un cabro recién empezando mi vida Universitaria. Con todos mis bártulos a cuestas, llegaba a la capital a cumplir los sueños de familia pobre como primer hijo a la Universidad. Ya nos habíamos enterado por años de las barbaridades de un Gobierno de criminales, que hacía y deshacía en Chile apoyado por un sector político, hoy aún presente y olvidadizo, que aplaudía a rabiar el festín que las bestias se daban con quiénes un día soñaron en hacer propio su destino. Estaba en la casa de una tía cuando escucho por radio Cooperativa a Sergio Campos confirmar que las tres personas que aparecieron degolladas eran los tres profesionales Comunistas que apenas unos días antes habían sido secuestradas en las puertas del Colegio Latinoamericano y otro en calle Badajoz.


Si de algo que jamás olvidaré es a los políticos y personeros de Derecha afines al régimen salir a vociferar que este era un crimen cometido por los propios comunistas contra sus militantes por alguna venganza interna.


Los límites del horror a que fue capaz la Derecha política chilena de apoyar para aferrarse al poder, en manos de una cáfila de criminales encabezada por 4 generales sobrepasaba lo imaginable. ¿Que fueron solo militares? a otro perro con ese hueso. Fue el gobierno que la derecha impuso a este país y usó a bandidos corruptos a los cuales aún les mantiene un alud de privilegios para pagarle los favores concedidos.


Para los más jóvenes, a los cuales políticos de este mismo sector les hacen creer de sus convicciones democráticas y se escandalizan por la "violencia" con la que unos jóvenes encapuchados las emprenden a piedras con unas moles de acero verde que con suerte les provocan una abolladura al metal, les digo que vi con mis propios ojos como esos mismos marchaban alabando al dictador y pidiéndole más mano dura: mano dura que era lanzar al mar a chilenos o hacerlos desaparecer por siempre usando la infraestructura del Estado.


El caso degollados era ya la guinda que mostraba que no había pudor contra el horror, como cuando el criminal ya no le importa aparecer en la foto con las manos ensangrentadas.

Habían perdido toda vergüenza. Pasaron muchos años, tuvo que acabar la Dictadura, para que jueces Honestos, desde don José Cánovas y luego don Milton Juica quienes lograran hacer un mínimo de justicia: A pesar que encubridores e instigadores libraron de la cárcel apoyados por el mismo sector al que denuncio.


Para los jóvenes de hoy, a los que nacieron y hoy tienen menos de 35: lamento tener que contarles esta historia horrorosa.


Nunca deberíamos haberla contado, pero para que eso ocurra nunca debió de suceder.


Pero sucedió.


Ni olvido ni perdón.


https://www.youtube.com/watch?v=EH7vUGMu6Rw



"EL 28 y 29 de marzo de 1985 fueron detenidos José Parada, Manuel Guerrero y Santiago Nattino, miembros de la AGECH, y posteriormente asesinados por agentes de la DICOMCAR." Los cuerpos de los tres profesores fueron encontrados frente a un predio de Quilicura. Se trata de uno de los peores crímenes perpetrados por la dictadura contra trabajadores que se organizaban para luchar.

Hace 31 años se efectuó uno de los crímenes más notorios de la dictadura. En plena época de protestas contra la dictadura, José Parada, Manuel Guerrero y Santiago Nattino, militantes del Partido Comunista, intentaban reorganizar a los sectores más activos del movimiento docente en la Asociación Gremial de Educadores de Chile (AGECH) que se levantaba como una alternativa al Colegio de Profesores controlado por la dictadura militar.

El sindicato de los profesores había sido una de las primeras organizaciones de trabajadores desmanteladas por la dictadura y el movimiento docente uno de los más golpeados contándose entre los detenidos desaparecidos del movimiento obrero un gran número de trabajadores de la educación.


Sin duda la dictadura veía en la reorganización de los docentes una oposición potencial que fortalecería el cuestionamiento al régimen y la ola de protestas en curso, por lo que llevó adelante uno de los crímenes más brutales materializado por Carabineros.


El día 28 de marzo Santiago Nattino fue abordado en la esquina de Apoquindo con Badajoz por agentes de la Dirección de Comunicaciones de Carabineros (DICOMCAR), mientras que Guerrero y Parada fueron secuestrados al día siguiente, 29 de marzo, desde las puertas del Colegio Latinoamericano. Todos ellos fueron torturados en el centro ilegal de detención conocido como “La Firma”, ubicado en la calle 18, y el 30 de marzo sus restos fueron encontrados frente al fundo “El Retiro”, camino a Quilicura, degollados.


Este asesinato causó mucho revuelo por su brutalidad, profundizando el cuestionamiento de la dictadura, sus métodos y las denuncias de violaciones a los Derechos Humanos. Sus viudas encabezaron marchas hacia el Ministerio del Trabajo exigiendo justicia y 4 meses después eran dados de baja y sentenciados a cadena perpetua 6 agentes del servicio secreto de Carabineros. Junto con ello, César Mendoza, Director de Carabineros, deja de integrar la junta militar, órgano máximo de la dictadura, la DICOMCAR es disuelta y la ola de protestas contra el régimen se recrudece.


Sin embargo, al igual que la mayor parte de los violadores de Derechos Humanos de la dictadura, estos se encuentran cumpliendo sentencia en la cuestionada Punta Peuco, reconocida por sus condiciones de confort y comodidad muy superiores a las de las cárceles comunes.


Y como si esto no fuera poco, algunos de ellos son favorecidos desde el 2012 con beneficios carcelarios como la salida dominical, mientras que los máximos responsables como el dictador Augusto Pinochet nunca cumplieron sentencia.

Al día de hoy, la mayoría está libre, recibiendo pensiones y beneficios, pagados por todos nosotros los chilenos.


Guerrero, Parada y Nattino fueron asesinados por denunciar y luchar contra la más brutal dictadura de la Derecha chilena en su historia.

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