A 35 años de un horror dentro del horror.

En este día recuerdo a los profesionales comunistas degollados el 29 de marzo de 1985, me conmuevo ante el destino de los tres, Parada, Guerrero y Nattino, pero me detendré más en el recuerdo de Manuel Guerrero, ya que me tocó conocer un poco más de él, cuando aún vivía.

Por Eduardo Contreras Villablanca

Manuel Guerrero había sido detenido en Chile por el Comando Conjunto, fue baleado durante su detención, y luego torturado por más de cinco meses. La dictadura lo liberó finalmente en 1976 y partió a Suecia. En 1979 publicó “Desde el túnel”, el libro con su testimonio desgarrador de ese periodo. La mayoría de los que acabábamos de ingresar a la Jota en el exilio lo leímos, con alguno comentamos que era nuestro Pável Korchagin, el héroe de “Así se templó el acero”. Sabíamos que uno de los nuestros había sido capaz de sobrevivir al infierno.

A fines de 1983, regresamos a Chile junto a mi madre, luego de nuestro exilio en Panamá, Cuba y México. Ella había salido en una lista de aquellas en las que el dictador de forma selectiva iba sacando la “L” que impedía el derecho a regresar a sus compatriotas. Se habían iniciado las protestas masivas ese año, la crisis económica golpeaba junto con la represión, y la mayoría de los comunistas y militantes exiliados de otros partidos de izquierda que salían en las listas, retornaban al país a poco de aparecer en los listados.

Manuel Guerrero había vuelto antes, en 1982, o fines de 1981. A poco de volver con mi madre ellos se volvieron a encontrar, por su militancia se habían conocido en al menos una reunión, en el exilio. Ella era profesora de inglés, y comenzó a trabajar en el Colegio Latinoamericano, fueron colegas ahí, y además compañeros de militancia clandestina. No recuerdo si al momento de los crímenes militaban en la misma célula, pero sé que alguna vez lo hicieron. Mi madre se refería a él con una mezcla de camaradería y admiración.

Fue muy duro ese día 29 de marzo, ella nos contó primero del baleo al profesor Leopoldo Muñoz, era la noticia con la que había salido del Colegio. Nos quedamos pegados a la radio. En los primeros instantes pareció que eso había sido todo, después nos fuimos enterando de que se habían llevado a Manuel Guerrero y a José Manuel Parada. Hasta que llegó la noticia terrible en la voz de Sergio Campos en la Radio Cooperativa, confirmando el degollamiento de los tres profesionales.

Como muchos del M.D.P, nos volcamos a las calles en los días siguientes. Pero no hubo barricada ni protesta que nos permitiera sacarnos de encima la rabia y la impotencia.

Mi madre murió pocos años después, de un cáncer fulminante, en 1989. Por razones distintas, o quizás no tanto, su destino se unió al de tantos compatriotas comprometidos de esa época, que no llegaron a ver el fin de la dictadura.


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